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Sociedad

Construcción colectiva y anclaje territorial: los pilares de la autoevaluación en laUNER

La Universidad Nacional de Entre Ríos desarrolló un proceso de autoevaluación institucional que incluyó a todos los claustros de la comunidad universitaria y permitió identificar fortalezas en investigación, docencia y extensión. Con la mirada puesta en la mejora continua, la UNER reafirma su compro

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Construcción colectiva y anclaje territorial: los pilares de la autoevaluación en laUNER


La Universidad Nacional de Entre Ríos desarrolló un proceso de autoevaluación
institucional que incluyó a todos los claustros de la comunidad universitaria y permitió
identificar fortalezas en investigación, docencia y extensión. Con la mirada puesta en la
mejora continua, la UNER reafirma su compromiso con la transparencia y la calidad
educativa en toda la provincia.

En un contexto donde las universidades públicas suelen ser cuestionadas, la UNER llevó
adelante entre 2024 y 2025 una autoevaluación que buscó, además de cumplir con una
exigencia normativa, poner en conversación su propio funcionamiento. Se trata del
segundo proceso de este tipo que atraviesa la UNER enmarcado en la Ley de Educación
Superior, la cual establece que las universidades deben realizar evaluaciones
institucionales cada seis años. No obstante, el recorrido fue una oportunidad para el
desarrollo de una radiografía institucional con diagnóstico, balance y proyección.
Lejos de limitarse a una revisión técnica, la evaluación se apoyó en una lógica
participativa que involucró a estudiantes, docentes, no docentes, graduados y también a
actores externos. Talleres, consultas y espacios de intercambio se desplegaron en todas
las facultades, en un intento por construir una mirada colectiva sobre la universidad y su
vínculo con la sociedad.
Con el fin de garantizar que el proceso de evaluación cuente con la palabra de todas las
personas que integran la comunidad universitaria, se conformaron equipos de referentes
con representantes en cada una de las facultades. En el caso de la Facultad de Ciencias
de la Salud (FCS), su referente Valeria Belmonte destacó que el proceso “representó una
instancia clave de reflexión colectiva sobre el funcionamiento y el desafío de nuestra
universidad; una revisión necesaria al interior de la institución que se desarrolló mediante
talleres y consultas a los distintos claustros, en especial a graduados que se encuentran
repartidos por todo el país, incluso en otros países”. Por su parte, la referente en la
Facultad de Ingeniería (FI), Alejandra Morales, remarcó que la autoevaluación “significó
un espacio de reflexión y análisis sobre aspectos fundamentales como la docencia,
investigación, extensión y bienestar estudiantil, con el fin de generar estrategias de mejora
continua”.
Compromiso institucional como principal fortaleza
El informe resultante muestra una institución en expansión, con avances en la
planificación, la producción de conocimiento y la articulación con el territorio, a la par de
importantes avances en las funciones de docencia, investigación, extensión y gestión. En
ese sentido, Morales resaltó aspectos vinculados a políticas de transparencia y la
producción de información para la toma de decisiones como “la adecuación normativa y
transparencia en la capacidad de actualizar el Estatuto y las normas para mejorar la
gobernabilidad y el acceso público a la información”. También destacó el creciente
desarrollo dentro del área de ciencia, tecnología e innovación con la formación de
recursos humanos para la investigación, la formación de posgrado y la promoción de
proyectos interdisciplinarios e interfacultades, además de la consolidación de los centros
de doble dependencia de UNER con el CONICET. 

En lo referido a la dimensión académica, el informe de evaluación destaca el crecimiento
sostenido de la Universidad en la matrícula, ampliación y actualización de la oferta
formativa y el desarrollo de instancias de flexibilización curricular con nuevos planes de
estudio. Sobre esto, Belmonte señaló: “Se orientan a fortalecer la permanencia y el
egreso de los estudiantes, brindando herramientas de apoyo académico, social y
emocional en iniciativas como el Curso de Ambientación a la Vida Universitaria (CAVU),
las tutorías de pares y el Programa de Acompañamiento hacia la Universidad (PAU),
facilitando la adaptación a la vida universitaria y la integración y acompañamiento de las
trayectorias educativas durante los primeros años de la carrera”. Morales, por su parte, se
refirió al rediseño de planes de estudio, a través del Programa de Innovación Curricular
(PIC), “para que sean más centrados en el estudiante, incorporando títulos intermedios y
duraciones reales expresadas en créditos. Esto facilita la inserción laboral temprana y la
finalización de las carreras”.
Además, el fortalecimiento del vínculo con actores sociales, productivos y estatales y la
incorporación progresiva de las prácticas extensionistas en los trayectos curriculares, son
algunos de los principales puntos que se subrayan en la dimensión referida a la extensión
universitaria.
Responder a demandas regionales 
Un rasgo que atraviesa toda la evaluación es el peso del territorio. Con presencia en
ciudades como Paraná, Concepción del Uruguay, Oro Verde, Concordia, Gualeguaychú y
Villaguay, la UNER construye su identidad a partir de esa dispersión geográfica. Belmonte
dijo al respecto: “Creemos que permite a la universidad mantener una fuerte vinculación
con la realidad y necesidad de la región, lo que favorece al desarrollo de propuestas
académicas, investigación y extensión pertinentes y más fuertes”. 
A su vez, Morales expresó que la dispersión geográfica de las nueve facultades se
capitaliza como una oportunidad para atender la diversidad regional. “Este despliegue
permite diseñar respuestas específicas a las demandas locales, fortalecer la legitimidad
social de la universidad en toda la provincia y anclar proyectos de investigación y
extensión en problemáticas territoriales reales”, agregó. 
Sin embargo, esa misma diversidad plantea desafíos. La articulación entre facultades y el
Rectorado, la construcción de una identidad común y la necesidad de sistemas de gestión
integrados aparecen como puntos a fortalecer. La fragmentación interna es uno de los
nudos que la propia evaluación reconoce.
Promover la transparencia y la participación democrática
El proceso de evaluación institucional representa una instancia fundamental para
promover la transparencia y la participación de la comunidad universitaria. “Es importante
que la universidad pública se someta a procesos de evaluación porque nos permiten
analizar de manera sistemática las fortalezas y los aspectos a mejorar en el
funcionamiento de nuestra institución”, manifestó la referente de la Facultad de Ciencias
de la Salud. En tal sentido, destacó que dicha experiencia generó como aprendizaje “la
importancia de generar espacios participativos, de reflexión y de incorporar herramientas
digitales que faciliten esta participación en los distintos claustros y ámbitos donde se
mueve la gente de la universidad”. 

Por su parte, la referente de la Facultad de Ingeniería valorizó este proceso como un
aspecto clave “para defender la universidad pública frente a cuestionamientos externos,
demostrando su valor social y calidad a través de mecanismos de mejora e identificando
nudos problemáticos, como la deserción, para transformarlos en objetivos de
planeamiento estratégico”. Una labor que, además, fue posible a partir de un trabajo
participativo: “Se aprendió que la planificación no pertenece a un grupo directivo o de
gestión, sino que requiere el involucramiento de todos los claustros para ser legítima y
efectiva; para fortalecer la calidad académica y la pertenencia social a nuestra
universidad”.

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